Marina Kappos

 

1972, Pasadena, California

 Marina Kappos se graduó del California Institute of the Arts y obtuvo después la maestría en Artes de la Universidad de Yale University School of Art. Ha participado en varias exposiciones internacionales, aunque principalmente en colectivas.

 El trabajo de Kappos en un principio exploraba en la bidimensionalidad de la pintura la posibilidad de un paisaje urbano fragmentado, muy al estilo de los comics que utilizan pocos trazos e imitan al estilo arquitectónico Hi-Tec. En esta serie de pinturas ningún sujeto habita la urbe, muy por el contrario se colapsa fríamente separada del espectador tanto por los colores como por la textura y la bidimensionalidad.

Más tarde la exploración formal se volvió hacia los sujetos que interactuando con animales o tomando ciertas características solamente son mostrados por la artista como en una historieta, que casualmente no tiene un contexto espacial. Esta vez el espacio es excluido y sustituido por un fondo de color, como en las viejas caricaturas para televisión en las que el fondo permanecía intacto, o como en un estudio fotográfico en el que el sujeto es aislado completamente del contexto para resaltar su rostro.

La exploración de ambos géneros; retrato y paisaje tienen varias cosas en común, por un lado lo más evidente que es lo simple y plano de la pintura, es decir la falta de volumen. Hay también en ambos una calculada distancia emocional que se acentúa con el uso de los colores y el formato de las piezas, sin embargo en los retratos trata de dotar a sus personajes de algunas características de comportamiento para lo que utiliza animales, lo que puede hacernos recordar a los personajes de las fábulas. O de características más humanas o de los seres vivos como establecer relaciones o vínculos con los animales con los que sus personajes se están relacionando (casualmente todos son gatos domésticos y los personajes son mujeres).

 En el trabajo de Kappos la única cosa personal que podemos ver es su relación con su gato, en uno o dos autorretratos y ciertos gestos corporales que podemos relacionar con cualquier anuncio de cualquier producto, o con cualquier tipo de  persona.

Hiroshi Sugimoto

Hiroshi Sugimoto

1948, Tokio, Japón

 Hiroshi Sugimoto llegó de Japón a Nueva York a estudiar fotografía en 1970, cuando el minimalismo y el arte conceptual estaban en pleno auge. De modo que estas dos tendencias son sin duda las influencias más fuertes de Sugimoto. Bajo la influencia del serialismo minimalista este artista ha construido cinco series fotográficas en dónde explora rigurosamente a sus sujetos.

 

Los temas que han  determinado las series fotográficas de Hiroshi Sugimoto son hasta ahora; Teatros (desde 1978),  Dioramas y Museos de cera (desde 1976), Paisajes marinos (Seascapes, desde 1980), Bahías( desde 1995), y Arquitectura (desde 1997).

Entre sus series más atractivas esta la de paisajes marinos, que en la pintura son de gran tradición pero en la fotografía rara vez habían sido el tema de una obra de arte, se hacía más bien en fotografía turística.

 

Lo fascinante de las fotografías que componen la serie, es que a pesar de ser blanco y negro y siempre hacia el horizonte, ninguna es igual a la otra, existe una verdadera búsqueda en la luz, el tiempo y el movimiento. Cada fotografía de la serie ha sido tomada dejando el lente de la cámara abierto durante algunas horas,  para que el movimiento de las olas y las nubes se mezclen y den a la fotografía un aspecto mucho más complejo que el de una toma normal. Al espectador le queda una sensación de tiempo extrañamente primigenio.

 

 

Del primer portafolio de paisajes marinos que Sugimoto publicó, Time exposed, explica que para él, el tiempo es revelado en el océano porque es el paisaje terrestre que menos cambia a través del tiempo y de la geografía “el océano debe ser la visión más antigua que podemos compartir con la gente vieja.”[1]

 

 

 De esa primera serie de paisajes marinos se desprende la fotografía Ionian Sea, Santa Cesárea, 1990. En ella observamos la superficie brillante del océano y la distinta gradación de la luz, pero más que eso, la imagen nos arrastra hacia adentro, podemos verla por mucho tiempo igual que cuando en la playa nos

 

 

 

 

 

 

quedamos viendo el mar. Tiene la cualidad de remitirnos a lo real, en dónde se suspende el tiempo.


[1] Herbert, Martin, The Sleepless Photographer, eyestorm: talk and read, 2003

2003