Félix González –Torres

Félix González –Torres

1957-1996, Guáimaro, Cuba.

Félix González – Torres, es una de las figuras paradigmáticas de los 90. Su obra basada en temas sociales, políticos y estéticos, hizo eco en la sensibilidad de la época. Tanto artistas como público encontraron en su trabajo una invitación a la

reflexión continua a cerca de temas universales, y al mismo tiempo una nueva propuesta estética que exploró materiales, formas, colores y estilos.

Félix González-Torres desarrolló su obra a  partir de las premisas minimalistas, del arte de proceso  y estrategias utilizadas por el arte conceptual. “Pienso que más que cualquier otra cosa, soy una extensión de ciertas practicas, minimalismo o conceptualismo, y que estoy desarrollando áreas que no fueron tratadas antes…”[1] Incorporó al arte objetos cotidianos (de factura industrial) para comunicar la gran complejidad de la vida diaria.

Usar objetos de factura industrial en la obra de arte, fue uno de los recursos del arte minimalista, sin embargo estos fueron específicamente diseñados para las piezas de los artistas. La idea de tomar objetos a los que todos podemos acceder en una tienda y disponer de ellos de una forma distinta, en un contexto diferente y dotarlos de otro significado, fue principalmente el trabajo que realizó González -Torres.

Artefactos como relojes, rompecabezas, series de luces, pilas de papel y de dulces, formaron parte de la estrategia estética y personal de Gonzáles-Torres. Estos objetos sirvieron para entablar un dialogo o un monólogo a cerca de la temporalidad, el comercio – prostitución, la muerte, la homosexualidad y el amor.  Permitieron al artista elaborar un nuevo lenguaje rico en metáforas, que fácilmente podemos perder de vista.

Por ejemplo en la pieza “Untitled” (Public Opinion), 1991, el artista dispuso a manera de tapete 700 dulces envueltos en papel oscuro. Cada uno de los dulces simboliza la opinión de una persona distinta, el color oscuro delata la intención de la opinión, en la que además hay consenso. Para el artista se trata del prejuicio social por ignorancia y el enojo hacia la comunidad gay. Sin embargo al mismo tiempo, hace que el espectador establezca una relación distinta con la obra, puede llevarse un pedazo de ella, así que mientras toma un papel activo,  la obra toma un carácter efímero,  puesto que está destinada a la desaparición. Una paradoja para el sistema normal de consumo de la obra de arte.

El trabajo de Félix González – Torres, lleva al espectador al planteamiento de preguntas,  mucho más que a un foro de declaraciones y respuestas, promueve la reflexión, estimula la mente y  los sentidos de manera placentera, pero además nos hace experimentar emociones como tristeza, deseo, añoranza y admiración. Si su obra no cambia al mundo, por lo menos nos regala de forma muy sutil, la satisfacción de sentir, que implícitamente cosas tales como que el arte y amor nos pertenecen.


[1] Storr, Robert, Felix González Torres: Entre un Espion, Art Press, Enero 1995, pp.24-32.

2003