Reflexiones en torno a las relaciones entre Arte y Ciencia

Reflexiones en torno a las relaciones entre Arte y Ciencia
El progreso de la ciencia no sólo se realiza con el
conocimiento y la comprensión de nuevos hechos
por parte del hombre, sino que también se efectúa
porque aprendemos de nuevo y sin cesar
 el genuino significado de la palabra entender.
Niels Bohr

La forma en la que entendemos y definimos las ciencias duras cambió en el S.XX, entre otras cosas, gracias a la manera en la que se explica el desarrollo de las ideas científicas. En 1960, Thomas Kuhn introduce la idea de que las ciencias, al igual que todo el pensamiento humano, atraviesa periódicamente por un “cambio de paradigma”[1], y que más que “progresar” en una línea recta, evalúa y compara teorías y modelos que se desarrollan, a veces en paralelo, y otras tantas las recupera del archivo. La idea fundamental de estas formas de análisis de los discursos y las historia de la ciencia es que, aunque son criticadas y rebatidas, enfatizan siempre que son producto de la inteligencia, la tenacidad y la curiosidad humana y que por lo tanto el concepto de objetividad es imposible, pues su existencia depende siempre de un ser subjetivo.

Ideas como éstas permiten que las ciencias duras puedan ser pensadas como un acto creativo que se desarrolla a partir de preguntas, que si bien tienen una historia propias, son producto de la cultura y de la sociedad. En ese sentido es posible colocarlas, leerlas, contraponerlas, yuxtaponerlas o empatarlas a otros discursos.

En el caso específico de las artes visuales y su posible relación con las ciencias duras se abre siempre un abismo conceptual en el que se tiende a poner al arte en el lado extremo de la sensibilidad y la subjetividad absoluta, mientras que se sitúa a las ciencias del lado opuesto; el de la objetividad y el método que describe lo real. o la ciencia como lo que está más cerca de la “verdad”. Sin embargo este abismo se ha ido estrechando, a mediados de los 70, apareció un ensayo de Paul Feyerabend [2] que trata de establecer algunos paralelismos entre ciencia y arte. En él, el autor afirma que la separación entre las dos ramas es artificial y que el arte es inteligente de la misma manera en que la ciencia puede ser bella. Pero lo más importante, quizá, es que enfatiza que tanto la ciencia como el arte son producto de las ideas de su tiempo y son verdaderas en tanto que responden a necesidades e inquietudes de su época.

La ciencia, igual que el arte, son tanto una imagen como una forma de observar el mundo. Son un  fenómeno de la cultura. Las ciencias físicas, las de la naturaleza, describen  patrones o reglas, leyes que podemos describir pues suceden consistentemente. El mundo físico no es arbitrario, ni sus fenómenos son señales o milagros. Por el contrario pueden conocerse y ser explicados y nombrados, de la misma manera que las leyes que lo rigen. Estas leyes, sin embargo, han de ser pensadas, imaginadas, deducidas, entendidas y escritas por la mente humana.

La imaginación es una construcción rigurosa y no una amalgama de pensamientos contradictorios o sin sentido. La imaginación está ligada a la imagen y la imagen al conocimiento.

Una gran parte del arte contemporáneo es experimental. No sigue un programa de procedimientos, ni tampoco teórico. Se relaciona de maneras muy distintas con la forma y con la materia. Sus razones son formales, simbólicas, poéticas, políticas, materiales, inmateriales, críticas, estéticas, documentales, dialécticas y lingüísticas.

Como cualquier otra expresión artística está  ligado a la experiencia y la experimentación, no sólo en las técnicas que emplea, sino también y sobre todo en su lenguaje. Hace y se sirve de experimentos, de dispositivos, para alcanzar resultados inciertos: inciertos formalmente, inciertos técnicamente, inciertos estéticamente y como experiencia.  El proceso, se convierte en la parte más importante, más que el objeto material o inmaterial final.

Este objeto final, no es tampoco final, sino un punto suspensivo en un pensamiento progresivo, en una acción, en un gesto que pone a prueba relaciones e ideas que no arrojan certezas, sino que generan nuevas preguntas. La experimentación es la experiencia de buscar, buscar y presentar, desarrollar, encontrar imágenes, ideas y formas complejas de expresar ideas,  conceptos y emociones.

Pensar, presentar y experimentar con conceptos espaciales, temporales y materiales, como por ejemplo: desaparición,  desmaterialización, impermanencia, transformación, descontextualización, y re-contextualización, desintegración,  secuencias, patrones, etcétera. Necesariamente acerca al artista a otros lenguajes, a materiales diferentes, a soluciones técnicas encontradas por otras disciplinas. Los conceptos están ligados directa e inseparablemente al espacio y al tiempo. De modo que parece imposible alejarlos de la lectura de lo físico, de su naturaleza más esencial como materia y energía.

Lo fascinante de la relación entre todos nuestros lenguajes es que en el fondo aparecen las mismas preguntas, planteadas tal vez de una forma distinta.  Qué es la materia y cómo es que cambia, de qué estamos hechos, de qué está hecho todo, cómo se creó la materia y a dónde se va cuando desaparece.

No todas nuestras preguntas son iguales ni la misma, ni las respondemos por las mismas vías, lo que hace que la búsqueda se vuelva personal, aunque universal.


 Kuhn, Thomas. La estructura de las revoluciones científicas, Breviarios, FCE, México,1971.

2.  Feyerabend, Paul. Tratado contra el método. Editorial Tecnos, Madrid, 1986.

Publicado aquí: http://www.circuloa.com/reflexiones-en-torno-a-las-relaciones-entre-arte-y-ciencia/

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La Serpiente emplumada de DH Lawrence y las fotos de Henri Cartier-Bresson

La serpiente emplumada de D.H. Lawrence.

Imágenes de México Henri Cartier-Bresson.

El imaginario de “lo otro”  se crea y recrea a partir de una mirada dominante, que generalmente es la europea. Lo otro se crea a partir de las diferencias. La distancia que establece el narrador entre su mundo y ese tercero mal imitador de lo reconocible, engendran el conflicto principal en el texto, el choque entre lo que es y lo que se espera que sea el mundo es lo que coloca a México en este caso, en un lugar de tercer orden.

Es interesante ver también las fotografías de Cartier-Bresson, porque parecen retratar lo mismo que D.H. Lawrence relata. Una mirada muy diferente a la de Tina Modotti o Paul Strand, por ejemplo.

Como este relato está referido a lo conocido, cuando Kate, el personaje principal, compara esta copia chueca del mundo que conoce: los soldados enanos, las morenas maquilladas como blancas, la gente que duerme en petates sobre el suelo y no, sobre camas blandas y aislantes, los feos que aman lo que les es igual, etcétera. Nace la imagen del tercer mundo, hay una incomodidad a ese sistema replicado que emula algo a lo que no se parece ni de lejos, y que al copiar parece ridículo. La batalla de la protagonista es la de tratar de equilibrar o sobrepasar la aversión que le causa una cultura que parece atascada en el fango, la desesperación de la inmovilidad sacrificial de los indios y la constante presencia y amenaza de la muerte.

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Henri Cartier-Bresson Prostituta de la calle Cuauhtemoc, 1934

 

La primera parte del libro la tensión y la resistencia se crea con la presencia de los dos americanos, con los que Kate tampoco se identifica, pues a su juicio se sitúan desde una posición superior, viendo aquella mala copia como una caricatura que no hay que entender, sino solo ver,  ver la vida como turista, quedar fuera de ella, como espectador, moralino y vouyerista. Kate se relaciona con México desde su repulsión-miedo, desde su imagen de Europa, desde su deber ser, desde lo que no puede entender y juzga como diabólico. Ella odia lo feo, lo que la enfrenta a lo negativo, contra muerte y esa pulsión que presiente en lo que no conoce de los otros. Lucha contra eso con todas sus fuerzas, porque no puede tolerar sentirlo.

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Henri Cartier-Bresson, Mexique, 1934

Owen, quien no siente menos repulsión ni miedo, establece una relación más indirecta, la del observador que tiene que ver todo, tiene que tolerar o más aún ver lo que sea sin poner un límite, sin hacer distinciones, pero sin dejar de sentir repulsión igualmente.

En esa primera parte los únicos mexicanos con los que Kate puede hablar, comunicarse, entender y sentirse más o menos a salvo, descienden de los europeos, son los que hablan su lengua. Se salvan de la barbarie porque han estudiado, y porque gracias a eso tienen un interés en el país de trascendencia social, porque son ellos lo que creen que hay que llegar a un proyecto civilizatorio. Con ellos se confirma el lugar tan apartado y barbárico que tiene el pueblo de México. Así no sólo son los extranjeros los que hablan de injusticia y se desesperan porque ven la situación, son también las clases preparadas las que ve  la necesidad de avanzar hacia la modernidad.

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Henri Cartier-Bresson, Ministry for Foreign Affairs

El viaje por el tercer mundo revela más de uno mismo que del otro. Los prejuicios y la mirada que construye “lo otro” está montada sobre lo que debería ser, que Kate ha incorporado a su manera de vivir. Ella busca en el espíritu primitivo del hombre la libertad. En ese sentido el tercer mundo puede ser una posibilidad, pero la vive y la toma como una condena en la que hay que sujetarse a vivir con miedo cada uno de los días de la existencia.

Si bien su mirada se transforma no pierde ese toque colonial-imperial  que no solo ve con desprecio, también la ternura y el misterio que le despierta la visión de los indios se vuelve una forma irreal y superior de ver el mundo.

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Henri Cartier-Bresson, Mexique, 1934.

Por pasajes, la novela parece más una obra costumbrista llena de críticas sociales y de esa distancia superior, que identificamos también con la visión imperialista. La descripción de los paisajes exaltados, por el miedo o por la admiración, las tierras llenas de magueyes, los mercados de colores y los sombreros de los indios, crean una imagen de México que se repite en el imaginario popular. 

 La muerte habita como una presencia constante y en eso podemos referirla al ensayo de Octavio Paz, Todos Santos, Día de muertos, publicado en El Laberinto de la soledad.

 La muerte es un espejo que refleja las vanas gesticulaciones de la vida. Toda esa abigarrada confusión de actos, omisiones, arrepentimientos y tentativas —obras y sobras— que es cada vida, encuentran en la muerte, ya que no sentido o explicación, ni fin. Frente a ella nuestra vida se dibuja e inmoviliza. Antes de desmoronarse y hundirse en la nada, se esculpe y vuelve forma inmutable: ya no cambiaremos sino para desaparecer. Nuestra muerte ilumina nuestra vida. Si nuestra muerte carece de sentido, tampoco lo tuvo nuestra vida. Por eso cuando alguien muere de muerte violenta, solemos decir: “se lo buscó”. Y es cierto, cada quien tiene la muerte que se busca, la muerte que se hace. Muerte de cristiano o muerte de perro son maneras de morir que reflejan maneras de vivir. Si la muerte nos traiciona y morimos de mala manera, todos se lamentan: hay que morir como se vive. La muerte es intransferible, como la vida. Si no morimos como vivimos es porque realmente no fue nuestra la vida que vivimos: no nos pertenecía como no nos pertenece la mala suerte que nos mata. Dime cómo mueres y te diré quién eres.

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Henri Cartier Bresson, Popocatepetl, México, 1934

 A partir de que Kate se queda sola, se marca la segunda parte del libro, ella ha sucumbido ante la barbarie y ha quedado atrapada por el espíritu primitivo, el único capaz de devolverle su género y su alma, pero que la victimiza, sometiendo su voluntad individual, Kate parece buscar asumirse más allá de la cultura. Aquí aparece el nuevo mito de Quetzalcoatl, la serpiente emplumada y la búsqueda de la posibilidad.

 The more you save these people from poverty and ignorance, the quicker they will die: like a dirty egg that you take from under the hen-eagle, to wash it. While you wash the egg, it chills and dies. Poor old Montes, all his ideas are American and European. And the old Dove of Europe will never hatch the egg of dark-skinned America. The United States can’t die, because it isn’t alive. It is a nestful of china eggs, made of pot. So they can be kept clean. — But here, Cipriano, here, let us hatch the chick before we start cleaning up the nest.’

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Henri Cartier-Bresson, Yucatán, México, 1963

En el ensayo de  La Raza Cósmica de José Vasconcelos, que se publicó en 1925. Vasconcelos plantea la necesidad de asimilar y trascender el origen mestizo del mexicano en orden de poder formar una nación. Vasconcelos aborda el tema del mestisaje cultural y racial desde la distancia total que existe entre ambas culturas. Remontar la distancia entre ambas, necesariamente se traduce en siglos de asimilación. 

La civilización no se improvisa ni se trunca, ni puede hacerse a partir del papel de una constitución política; se deriva siempre de una larga, de una secular preparación y depuración de elementos que se transmiten y se combinan desde los comienzos de la historia. Por eso resulta tan torpe hacer comenzar nuestro patriotismo con el grito de independencia del padre Hidalgo, o con la conspiración de Quito; o con las hazañas de Bolívar, pues si no lo arraigamos en Cuauhtemoc y en Atahualpa no tendrá sostén, y al mismo tiempo es necesario remontarlo a su fuente hispánica y educarlo en las enseñanzas que deberíamos derivar de las derrotas, que son también nuestras, de las derrotas de la Invencible y de Trafalgar. Si nuestro patriotismo no se identifica con las diversas etapas del viejo conflicto de latinos y sajones, jamás lograremos que sobrepase los caracteres de un regionalismo sin aliento universal y lo veremos fatalmente degenerar en estrechez y miopía de campanario y en inercia impotente de molusco que se apega a su roca.”

En las ideas de “La serpiente emplumada” encontramos varias tesis de Vasconcelos, no solo sobre la necesidad de trascender el trauma colonial, sino de la pugna cultural y racial, que vemos también en la pugna entre las razas latina y sajona que se establece a partir de la presencia de  Kate y de la pugna entre los orígenes celtas y la sajonia con los ella se debate.

 …nuestra guerra de Independencia se vio amenguada por el provincialismo y por la ausencia de planes trascendentales. La raza que había soñado con el imperio del mundo, los supuestos descendientes de la gloria romana, cayeron en la pueril satisfacción de crear nacioncitas y soberanías de principado, alentadas por almas que en cada cordillera veían un muro y no una cúspide. Se explican también estas aberraciones porque el elemento indígena no se había fusionado, no se ha fusionado aún en su totalidad, con la sangre española; pero esta discordia es más aparente que real. Háblese al más exaltado indianista de la conveniencia de adaptarnos a la latinidad y no opondrá el menor reparo; dígasele que nuestra cultura es española y en seguida se formularán objeciones. Subsiste la huella de la sangre vertida: huella maldita que no borran los siglos, pero que el peligro común debe anular.

El inglés siguió cruzándose sólo con el blanco, y exterminó al indígena; lo sigue exterminando en la sorda lucha económica, más eficaz que la conquista armada. Esto prueba su limitación y es el indicio de su decadencia. Hacer un mundo inglés; exterminar a los rojos, para que en toda la América se renueve el norte de Europa, hecho de blancos puros, no es más que repetir el proceso victorioso de una raza vencedora. Pero eso no resuelve el problema humano; para un objetivo tan menguado no se quedó en reserva cinco mil años la América.

I think it is beautiful to look at,’ she said. ‘But’ — with a faint shudder — ‘I am glad I am white.’

‘You feel there could be no contact?’ he said, simply.

‘Yes!’ she said. ‘I mean that.’

‘It is as you feel,’ he said.

Quetzalcoatl media entre arriba y abajo, entre las razas, es un hombre nuevo, una nueva raza, una posibilidad de vida, que el barbarismo del tercer mundo parece permitir en contraposición a la esterilidad de la cultura civilizada y  europea.

Pero cada cultura es monstruosa a la otra por oposición, sin importar la fascinación que el monstruo pueda producirnos.

And among the monstrosity of the elements flickered and towered other presences: terrible uncouth things called gringos, white people, and dressed up monsters of rich people, with powers like gods, but uncouth, demonish gods.

…a hungry and ignorant man has no place for a soul.

 

El monstruo de la barbarie se apodera de la voluntad, Kate mata a un hombre y se vuelve casi imposible recuperar la entereza, la violencia de lo primitivo peligrosa por irracional y por incontenible, porque la civilización no está y por ende no hay o auto-contención, ella se convierte en parte de esta gente obscura reptiliana, demoniaca, idólatra, piojosa y atenazada por el miedo, servil.

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Henri Cartier-Bresson, Mexique, 1934

El mexicano, según se ha visto en las descripciones anteriores, no transciende su soledad. Al contrario, se encierra en ella. Habitamos nuestra soledad como Filoctetes su isla, no esperando, sino temiendo volver al mundo. No soportamos la presencia de nuestros compañeros. Encerrados en nosotros mismos, cuando no desgarrados y enajenados, apuramos una soledad sin referencias a un más allá redentor o a un más acá creador. Oscilamos entre la entrega y la reserva, entre el grito y el silencio, entre la fiesta y el velorio, sin entregarnos jamás. Nuestra impasibilidad recubre la vida con la máscara de la muerte; nuestro grito desgarra esa máscara y sube al cielo hasta distenderse, romperse y caer como derrota y silencio. Por ambos caminos el mexicano se cierra al mundo: a la vida y a la muerte.

Lawrence DH, La sepiente emplumada, http://books.google.com.mx/books/about/La_serpiente_emplumada.html?id=aisVJ4BH1vcC&redir_esc=y

Octavio Paz, Todos Santos, Día de muertos, El Laberinto de la soledad, http://www.ensayistas.org/antologia/XXA/paz/paz2.htm

Vasconcelos José, La raza Cósmica, http://www.filosofia.org/aut/001/razacos.htm