Von Kleist sobre un Monje contemplando el mar de Caspar D Friedrich

1809 Monk by the Sea oil on canvas 110 x 172 cm

Estaba pensando y revisando las distintas formas de hacer crítica. A mi las que más gusta leer, son las que disparan ideas, las que transforman esas ideas en otra obra, las que son personales. Me encontré este textito e hice una traducción rápida, me gusta por el juego, los guiños y la forma.

 

Varias expresiones escuchadas frente a Monje contemplando el mar de Caspar D Friedrich, 1810

Heinrich von Kleist, Clemens Bretano, Achim von Arnim

Es magnífico pararse en infinita soledad frente a la orilla del mar, debajo del cielo encapotado y mirar la inmensidad del agua acumulada. Parte de esta sensación se debe, creo a que uno ha hecho su vida muy lejos de esto y sinembargo vuelve. Uno siente la necesidad de cruzar, aunque eso es imposible,  no hay nada que lo ayude a sobrevivir y sinembargo siente la voz de la vida en el murmullo de las olas, del aire y del único canto de los pájaros. Parte de esta sensación es un reclamo hecho por el corazón, un reclamo de parte de la naturaleza. Pensé que eso era imposible de experimentar frente a una pintura  que había algo que mirar  en ella y solo en ella, pero lo que debía encontrar solamente en la pintura lo encontré entre ella y en mi mismo, en el mar está ausente que yo he mirado con añoranza.

No puede haber nada más triste o más desolado en la tierra que este lugar: una única chispa de vida está rodeada por lo inherte, la soledad está en el centro de todo. La pintura tiene tres misteriosos sujetos, el monje, las dunas y el mar, todos allí como el Apocalipsis, como en los Pensamientos nocturnos de Edward Young. Oomo no hay mas fondo que el mar infinito, cuando la pintura termina, uno siente que alguno de sus párpados ha sido cortado, pues el mar termina sin aviso, abruptamente uno se encuentra con la pared. Y así el pintor ha descubierto un camino nuevo en su campo, que es el arte, y yo estoy convencido que con ese espíritu podría pintar tres centímetros cuadrados de Mark Branderburg con una brocha de barbero y un cuervo podría sentarse allí a acicalarse y esa pintura tendría un efecto que rivalizaría con el Ossian o con Ludwig Gotthard Kosegarten.

¿Porqué si el artista pintó este paisaje con sus propios pigmentos y su aceite siento que podría hacer que los zorros y los lobos lloraran? Este es sin duda el elogio más grande que se podría dar al paisaje. Pero mis propias impresiones sobre esta pintura son muy confusas, así que antes de aventurarme a expresarlas del todo, decidí investigar qué es lo que piensan otras personas que pasan frente a la obra desde la mañana  hasta la noche. He escuchado los comentarios de muchos de los espectadores que me rodeaban y ahora les transmitiré los comentarios que escuché, pues se trata más de un escenario que exige acción y no permite reposo.

Entra una Dama (esposa de un alto funcionario del Departamento de Guerra) con un Caballero (tal vez con gran ingenio):

Dama: Pintura número dos (mira en su catálogo), ¿qué piensas de ella?

Caballero: ¡Infinitamente profunda y sublime!

Dama: ¿Dices el mar? sí debe ser muy profundo y el monje, sí, sublime.

Caballero: No mi señora  Kriegsrat, me refiero a la emoción que siente uno y el único Friedrich frente a esta pintura.

Dama: ¿Es lo suficientemente vieja como para que la haya visto?

Caballero: Ah, no me mal interpretes, me refiero al pintor Friedrich y no a nuestro gran Rey Friedirck. A la vista de esta imagen Ossian empuña su arpa.

(salen)

Entran dos jóvenes señoritas:

Señorita: ¿Haz oído eso Louise? es Ossian

Louise: No, seguramente oíste mal, no es Ossian, es oceáno.

señorita: Pero dijo que estaba empuñando su arpa

Louise: Pues yo no veo un arpa en ningún lado ¡Es realmente horrible!

(salen)

Entran dos conocedores:

El primero: Grisaseo, sí, todo es terriblemente gris, como insiste él en pintar estas cosas terriblemente secas.

El segundo: Dirás, como insiste en pintar cosas tan húmedas tan secamente.

El primero: Supongo que pinta tan bien como puede.

(Salen)

Entran dos señoritas con su institutriz:

Institutriz: Este es el mar cerca de Rügen

Señorita 1: Es donde vive  Kosegarten

Señorita 2: De donde vienen los dulces

Institutriz: ¿Porqué no pintará nada más que cielos sombríos?  que hermoso sería si hubiera pintado varios hombres reunidos bajo la luz  ambar del atardecer a la orilla del mar.

Señorita 1: Oh si, a mi me gustaría pescar un hermoso collar de ambar para mi.

Salen

Entran una señora jóven con dos niños y unos cuantos caballeros:

Caballero 1: ¡Magnífico, estupendo! Este es el único artista que expresa el alma en sus  paisajes. Este muestra una gran individualidad, la gran Verdad, la soledad, la melancolía del cielo encapotado. Sabe muy bien lo que está pintando.

Caballero2: y parece que también pinta lo que sabe y lo que siente, pinta lo que piensa.

Niño1: ¿Qué es eso?

Caballero1: Es el mar mi niño, y un monje que camina por la orilla del mar, sintiéndose un poco triste porque no tiene un niñito bueno como tú.

Niño 2: ¿porqué no se pone a bailar en frente del mar o a mover la cabeza y a jugar con su sombra?, eso sería mucho más divertido.

Niño 1: Creo que es un monje que predice el clima, como el que tenemos afuera en la ventana.

Caballero 2: Ese es un tipo distinto de monje, mi niño, pero este también conoce el tiempo dentro de la plenitud de un círculo solitario.

Caballero 1: Si, él es el corazón y el alma, toda la pintura es el reflejo de de sí y sobre sí.

caballero 2: Que formidable manera de situar la figura en el paisaje, como un dispositivo para mostrar la proporción de lo demás, como en la pintura más común. El mismo es el sujeto, el es la pintura y parece como si se hubiera soñado a sí mismo en este paraje; como en un espejo triste de aislamiento, de un mar cerrado sin barcos, que lo ata como a un voto, a una playa sombría de arena, sin amigos como su vida, parece una planta solitaria que se alza en una duna que profetiza sobre su propio destino.

Caballero 1: ¡Magnífico! sin duda tiene usted razón. (a la dama) Pero cariño, no has dicho ni una sola palabra.

Dama: ¡Oh! Me sentí como en casa frente a esta pintura, realmente me ha tocado, es realmente como la vida, y mientras ustedes hablaban así de lla, empezó a ser todo muy confuso, me sucedió de la misma forma cuando fuimosa caminar al lado del mar junto a  nuestros amigos filósofos. Sólo deseaba que  la brisa soplara fuerte y se llevara el velero que estaba aproximándose, y ahí estaba ese destello de luz que las olas lamían. Y eso fue, fue como un sueño, una pesadilla o una ola de nostalgia, sigamos que empiezo a sentime realmente triste.

salen

Entra una dama con un caballero, que es su guía:

Dama: (se para frente a la pintura y piensa un poco antes de hablar) Que enormidad, que inconmensurable enormidad, es como si el estuviera pensando en los Pensamientos Nocturnos de Edward Young.

Caballero: ¿Te refieres a que el monje que está allí está pensando en eso?

Dama: si pudieras abstenerte de hacer bromas todo el tiempo y estropear la experiencia. Secretamente sientes lo mismo pero prefieres burlarte frente a los demás ,de lo que secretamente reverencias. Lo que dije es que es como si el mar pensara los Pensamientos nocturnos de Young.

Caballero: Si estoy de acuerdo, sobre todo en la segunda edición de  Karlsruhe, el Bonnet de nuit de Mercier también, pero sobre todo la visión del lado obscuro de la naturaleza de Schubert.

Dama: La mejor respuesta que puedo darte, es también una anécdota: Cuando Klopstok el inmortal, escribió en un  poema por primera vez la línea Sonrisas que bajan, la señora Gottsched al leerlo le preguntó ¿arrugó el ceño también?

Caballero: Seguramente sin tanta gracias como cuando tú lo cuentas.

Dama: Estas empezando a molestarme.

Caballero: Y Gottsched le dió a su  mujer un beso en son de paz.

Dama: Y yo podría darte las buenas noches, pero un jarrón de agua helada sería más apropiado.

Caballero: Aunque en realidad yo soy más como una visión del lado oscuro.

Dama: ¡Ah! ya basta de tomarnos el pelo

Caballero: ¡Ah!  si tan solo estuvieramos allí parados con el monje.

Dama: Te dejaría allí y me iría con el.

Caballero: Y le pediriás que nos uniera como uno.

Dama: No, le pediría que te tirará al agua.

Caballero: Entonces te quedarías a solas con un hombre santo, lo seducirías  y estropearías toda la composición y sus pensamientos nocturnos, así es como son ustedes la mujeres, destruyen lo que sienten porque en toda su mentira dicen la verdad. Como desearía ser el monje mirando por siempre solo la oscuridad, temiendo ese mar que se extiende delante como el apocalipsis. Te anhelaría por siempre querida Julia, pero estaría sin tí para siempre, el anhelo es es  el más magnífico  sentimiento del amor.

Dama: No, no querido es la verdad, si sigues hablando de esa manera saltaré al agua y dejaré al monje allí solo consigo mismo.

Salen.

Todo eso sucedía mientras un hombre alto, con algunos signos de impaciencia, escuchaba. Estuve a punto de pisarle un pié y merespondió como si lo ubiera hecho y al mismo tiempo le hubiera preguntado su opinión. “que bueno que las imágenes no puedan escuchar, pues de lo contrario se habrían velado desde hace mucho tiempo. ¡La gente las trata con tan mala educación!  se creen que están allí exhibidas en la picota por un crimen secreto que ellos, (los que las miran), tienen que descubrir a toda costa.

Pero cuál es su opinión de esta pintura, le pregunté.

Estoy contento, -me respondió- porque hay pintores que todavía prestan atención a los extraños encuentros entre el cielo y la tierra que producen los más hermosos fenómenos, incluso en las regiones más pobres. Ciertamente preferiría que tuviera el don y la técnica para pintar lo verdadero, como los exponentes de la escuela holandesa, que han pintado temas similares a este. No sería dificil nombrar varias pinturas en donde puede verse el mar, la línea de la costa y un monje que están mejor pintados que este cuadro, que a la distancia se ve como una mancha borrosa. Si yo hubiera querido pintar a un monje, sin duda lo habría hecho acostado, o dormido, tal vez rezando o mirando en rededor con modestia, para no echarle a perder la vista a los visitantes a loa que el oceáno en su inmensidad, causa una mayor impresión que ese pequeño monje. Cualquier persona que mire más allá tratando de encontrar los caseríos y encuentra la simple figura del monje, encuentran un pretexto para decir efusivamente y con toda confianza lo que hemos estado oyendo.

Estas palabras me gustaron tanto que en ese instante me fui a mi casa en donde reside todavía el caballero y en dónde podrán encontrarme en el futuro también.

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