Enrique Metinides

Enrique Metinides

1934, Ciudad de México, México

 Enrique Metinides empezó su carrera como fotoperiodista en 1949, para el periódico La Prensa. A los doce años Metinides tomaba ya fotos de choques, incendios, robos y atropellados por los barrios cercanos a su casa y un año después se volvió el asistente y aprendiz de Antonio Velázquez, un conocido reportero de nota roja del mismo diario.

 

El hecho de que trabajara para la prensa amarillista provocó prejuicio hacia su trabajo como fotógrafo y no fue sino hasta 1996 que en la bienal de Fotoperiodismo se otorgó un reconocimiento tanto a su trayectoria como a su trabajo fotográfico. El Niño, como se le conoce en el medio periodístico, por la corta edad a la que comenzó su carrera, tiene sin embargo una manera estilizada y sorprendente de abordar temas que tan fácilmente se prestan al morbo como lo son los asesinatos o cualquier tema que pueda aparecer en la nota roja. Para Metinides estos eventos, que forman parte de lo cotidiano, son también la oportunidad de encontrarse con la vida y con la humanidad, la propia y la de los demás, tratando de desafiar con el recuerdo a la muerte.

“Es que yo no sólo iba y retrataba; me ponía a ayudar, a sacar gente de abajo de los escombros o de los hierros torcidos, me metía entre las llamas. Muchas veces, después de haber cargado a un niño que había sufrido alguna tragedia, me escondía en un rincón y me ponía a llorar. No me interesa la sangre, me interesa el drama de la vida.”[1]

Enrique Metinides es también un fanático del cine negro, de gángsters y el género policiaco y ha declarado en varias ocasiones que más que tomar como referencia a otros fotoperiodistas, su obra se basa en las tomas abiertas de estas películas.

“Yo veía que en las películas explotaba una bomba y no se veían directamente las llamas, sino como luces sobre la gente. Me quedó tan grabado que muchas de mis fotos son así. He retratado mucho al público. ¡Es increíble el público!”[2]

 

La fotografía de Metinides ha sido comparada con la de Weegee, por su contexto, sin embargo la fotografía de Metinides tiene elementos y un orden narrativo que hace continua referencia a la ficción del cine, por lo que no se trata de imágenes morbosas sino más bien crudas, completamente relacionadas con su contexto real.


[1] Lorenzano, Sandra, Con el ojo en la sangre, Metinides: relato personal de la crónica roja. El Clarín, septiembre 2001.

[2] Ibíd.

 

2002

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