Damien Hirst

Damien Hirst

1965 Bristol

 

 

Damien Hirst, a lo largo de la década de los 90 se consolidó como artista convirtiéndose además en el más polémico de Inglaterra. Su obra oscila constantemente entre la “pureza” y la “repulsión”, retando siempre los límites del arte.

 

Hirst aparece en la escena artística londinense en 1988, como curador de una exposición en la que también participó al lado de sus compañeros del Goldsmith’s College, Freeze. Tomando bodegas industriales en las zonas más abandonadas de la ciudad, Hirst le abrió paso a su generación; Gary Hume, Tracey Emin, Anya Gallaccio entre otros, conformaron durante dos años las exposiciones convocadas y curadas por él mismo. Estas exposiciones independientes de jóvenes llamaron la atención de críticos, coleccionistas y sobretodo el de las grandes galerías, que seguían representando a artistas extranjeros de generaciones anteriores. “…él ha sido indispensable para definir el momento de los 90; el instante en el que todos los productos de una sola cultura armonizan en una profunda y sombría unidad en Inglaterra.”, escribió Gordon Burn.

 

La obra de Hirst deriva de la tradición minimalista. Las composiciones son rigurosas, geométricas y en ellas prima la objetividad. Sin embargo los temas resultan para la mayoría ambiguos y contradictorios. “Representar al mundo de maneras inesperadas es la posibilidad del arte. Su gran función es la de hacer pensar al espectador dos o tres veces, que no sepa en donde está, ni hacia a dónde va la obra”, declaró Hirst en una entrevista. Bajo este enunciado ha regresado a los temas primigenios del arte como lo son el significado de la vida, la muerte como límite, la existencia de Dios, la ambigüedad entre la ciencia y el mito,  entre otros, con estrategias que han sido de un gran impacto como el famoso caso de los animales suspendidos en contenedores llenos de formol.

 

La grandilocuencia y la teatralidad con la que los temas son representados por el artista, lo ligan de forma directa a la obra de Francis Bacon. Figuras aisladas, violencia implícita, así como imágenes hermosas y al mismo tiempo brutales rodeadas de un halo de pesimismo están presentes en ambos artistas. Sin embargo las premisas de las que parten para desarrollar sus trabajos son bastante diferentes; para Bacon el hombre es un saco de excrecencias en el que la amargura, el morbo, el sexo y la imposibilidad de cambio rigen sus acciones. Para Hirst la idea del hombre es menos monstruosa. El hombre aparece en su obra  como quién necesita conocer para poder definirse, para poder controlar su entorno y entender el fenómeno de la vida. Un ser frágil y limitado por la muerte, que al ser capaz de diseccionar la realidad cree que la controla. Según Hirst así es como aparece la ciencia, que se ha vuelto un juego que justifica la muerte de otros seres vivos y trata de responder sin mucho éxito las mismas preguntas que el arte; el significado de la vida, la existencia de Dios, etcétera.

 

En 1991 Damien Hirst desarrolló una serie de pinturas e instalaciones para su primera exposición individual: “In & Out of Love” en Woodstock Street, Londres. Los trabajos de esta serie incluyen pinturas monocromáticas, con pequeñas mariposas muertas adheridas al lienzo. En la exposición, las pinturas fueron rodeadas de ceniceros gigantes llenos de colillas de cigarro, envolturas de “grapas” de cocaína, y en general la basura que fue recogida de los depósitos de un bar londinense. En el piso superior de la galería, mariposas vivas se adueñaban de la sala y los lienzos blancos alrededor de ella, previamente bañados con polen y miel. En lugar de ceniceros y colillas, las mariposas estaban rodeadas de plantas con flores y agua con azúcar.

 

Para Hirst es importante el apropiarse de objetos de la vida cotidiana y llevarlos al terreno del arte convirtiéndolos en símbolos. Las mariposas representan desde su perspectiva la belleza, “Es el único animal que aún después de algún tiempo de muerto sigue viéndose bello”. A esto se aúna la innegable obsesión del artista por la muerte o como lo explicaría él, por la vida, que encuentra límite en la muerte. Al hablar de belleza y muerte por medio de un símbolo como la mariposa, Hirst abre la posibilidad a las sensaciones y los sentimientos, al lenguaje más abstracto de la poesía, que sin duda implica una mayor capacidad expresiva, aún dentro de un formato purista.

 

Las pequeñas mariposas de Hirst son sin duda una celebración poética de la vida y el arte. Hablan de la vulnerabilidad que siente el hombre de nuestra época al enfrentar la pregunta fundamental de nuestra propia mortalidad. Al mismo tiempo  celebran la posibilidad de cura que ofrece el arte, como un bálsamo para sanar el espíritu y ayudarnos a trascender nuestra propia incertidumbre.

2002

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