Maurizio Cattelan

Maurizio Cattelan

1960, Padua, Italia.

 

 

Maurizio Cattelan pertenece a la tercera generación de artistas conceptuales italianos; Mario Merz, Guilio Paolini, Michelangelo Pistoletto, Luciano Fabro, y Germano Celant, sus antecesores. Sin embargo Cattelan es un artista diferente que constantemente transgrede la legalidad.

 

La ley es algo que se da por hecho y se acepta en una cultura por si misma, es un conjunto de convenciones que permite la convivencia. Cada aspecto de la cotidianidad es permeado por estas normas, el terreno del arte no es la excepción. Se puede decir que casi toda la obra de Cattelan ha sido hecha para probar los límites de las reglas que rigen a galerías, museos, agrupaciones culturales, normas sociales, etcétera. Cattelan somete a personas e instituciones a demandas en las que el aparato administrativo y el protocolo se rompen, exponiendo la manera en la que el aparato del arte funciona, y más allá, como funcionan estas reglas en la vida cotidiana.

 

Maurizio Cattelan, a decir de la curadora Laura Hoptman, es un desvergonzado y temible artista que ha cometido varios actos ilegales, como el robo de obra a otro artista, volviendo cómplice de esto a museos, curadores, galerías y público. Su temeridad lo ha convertido en un artista impredecible, que seduce al espectador con sus constantes retos y parodias a la estructura del poder.

 

Pero este artista no se considera a sí mismo un provocador, “Yo en verdad pienso que la realidad es bastante más provocativa que mi arte. Ustedes deberían caminar en la calle y ver a los verdaderos limosneros, no mis falsos. Deberían atestiguar lo que hacen los verdaderos skinheads. Yo solo tomo  cosas, migajas en realidad, de la vida cotidiana. si piensan que mi trabajo es provocativo, es porque la realidad es extremadamente provocativa, y nosotros simplemente no reaccionamos a ella, no le ponemos atención ala manera en que vivimos en el mundo. Estamos cada vez más anestesiados.”

 

 

En algunas de sus piezas Cattelan utiliza cuerpos de animales disecados, los coloca como si estuvieran vivos, muchos realizando acciones humanas y otros en acción animal. Cuando los vemos pensando que están vivos y descubrimos que tenemos un animal muerto enfrente quedamos profundamente desconcertados, pero para Cattelan es solo una manera más de hablar de lo cotidiano, caricaturas, cuentos de

 

 

los hermanos Grimm, conflictos de la vida del hombre; el fracaso, la pérdida, ausencia, muerte, y por supuesto de él mismo.

 

En la obra Sin Título, 2000. Un agujero en la pared, a manera de ratonera como la casa de Jerry el ratón de las caricaturas de la Warner Brothers, es la presencia de un indeseable animal en las ciudades, pero también es la ratonera en la que nosotros mismos vivimos, en la que los otros no ven lo que sucede. Esta pieza fue realizada por Maurizio Cattelan durante una residencia, la casa en la que se hospedaba era vecina de la de su director y familia. Dentro de la ratonera, la grabación de las discusiones del director y su esposa pueden ser escuchadas por todos nosotros, como lo fueron por Cattelan.

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