Irene Clouthier

Irene Clouthier

1974, Culiacán, Sinaloa, México

 

 

Irene Clouthier es una de las más jóvenes artistas mexicanas que en los últimos años ha expuesto de manera internacional. Estudió en la Universidad de Monterrey de la que se graduó con Magna Cum Laude, tiene una maestría de la George Mason University en Visual Information Technologies, así como varios diplomados en la Universidad Complutense y en la escuela de Bellas artes de Paris. Vive y trabaja en Virginia, Estados Unidos.

 

Irene Clouthier construye su trabajo a partir de personajes y escenarios de juguete y de plástico, los colores y las texturas son sumamente importantes para la imagen que la artista intenta construir, así que son collages de objetos cuidadosamente ordenados para producir un contraste tanto de color como de texturas. Clouthier fotografía estos collages de objetos y los procesa de manera digital para resaltar, retexturizar y retocar ciertos elementos creando imágenes muy atractivas visualmente.

 

“Mi trabajo recrea historias en lugares “artificiales” utilizando objetos de plástico,  en las imágenes digitales para crear una relación inesperada entre estos y sus alrededores. La relación se produce cuando los objetos son distorsionados teniendo como resultado un paisaje o naturaleza muerta artificial; las imágenes son una transición entre lo real y el simulacro”.

El trabajo de Clouthier es un juego entre cotidianidad y carga simbólica. La artista reconoce que son los objetos los que con su presencia nos llevan a ciertas interpretaciones y al contextualizarlos de una manera distinta se hace evidente el juego entre lo real y lo ficticio. Al utilizar materiales desechables a los que se les ha concedido un valor comercial superior al que realmente les corresponde intenta hacer la relación entre la vida que vivimos, el consumismo, lo superficial y el vacío y sus paraísos artificiales que son construidos muy llamativamente y son solamente un juego.

 

“Utilizo el plástico como el material que promete el paraíso efímero, la felicidad desechable, como el pasaje a un futuro vacío e incierto, la perfección prescindible y la vida artificial; para simular historias de la infancia y recrear fantasías; como una afirmación de la hermética sociedad en la que vivimos así como su cultura desechable, la pérdida de la sensibilidad y la aceptación del plástico como el material que representa nuestro propio vacío”.

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