Doug Aitken

Doug Aitken

1968, Los Angeles, California

 

 

Doug Aitken forma parte de la  generación de artistas estadounidenses que creció con MTV y la tecnología al alcance de la mano. Uno de sus primeros trabajos fue como director de videos musicales para cantantes como Fat Boy Slim y también como Dj en bares y fiestas en Los Angeles.  Sin que esto sea determinante, es sin duda importante, ya que incorpora a su obra  muchas de las estrategias del entretenimiento. La imagen, por ejemplo, predomina en todo su trabajo, las referencias son siempre a un mundo que reconocemos con facilidad, pero estas no están solas van siempre acompañadas por un fondo acústico. La música y el ruido ambiental nos hace sentir en un mundo conocido, en un tiempo y un ritmo que nos es natural.

 

Si bien la video instalación no es una técnica nueva, la rapidez con la que se ha desarrollado la tecnología digital ha permitido a esta generación de artistas; Ann Sofi Sidén, Shirin Neshat, Pipilotti Rist, entre otros, una separación natural de cualquier discurso que pudiera predominar en la teoría del arte. Así esta generación  ha podido construir su propia versión del mundo a partir de discursos teóricos personales o de la sola experiencia.

 

 

Cuando en 1999 Aitken fue premiado en la Bienal de Venecia por su instalación Electric Earth,   se hicieron muchos comentarios respecto a la técnica que emplea, se habló sobre el manejo de la imagen, de los colores, la música y la edición,  pero la obra de este artista no se trata solo de una cuestión formal,  Aitken  deja siempre en el espectador algo intangible y vagamente reconocible que da una sensación de sorpresa y descubrimiento.  Su mundo visual se construye a base de referencias a la vida cotidiana; hombres solitarios, paisajes desiertos, objetos sin movimiento, abandono, vacío, el monólogo interior de sujetos, objetos y lugares.

 

 

I am in you, 2000. Es una gran instalación con cinco proyecciones de video dentro de una caja de madera en donde una niña juega, susurra y canta creando un mundo circular en el que todo se vuelve rítmico, es una investigación perceptual en donde a través de  la repetición y la abstracción el tiempo se colapsa.

Así queda solamente el espectador absorto en un ritmo primario, rodeado de imágenes que fácilmente puede asociar con su propia niñez.

Pero no solo la video instalación de Aitken crea mundos y sensaciones que quedan fuera de los parámetros del tiempo y del espacio, el juego entre una narrativa irreal y no continua, o abrupta crea en el espectador una vivencia poderosa y aún más real, por ejemplo Girl in Mask, 2002.

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