Hiroshi Sugimoto

Hiroshi Sugimoto

1948, Tokio, Japón

 Hiroshi Sugimoto llegó de Japón a Nueva York a estudiar fotografía en 1970, cuando el minimalismo y el arte conceptual estaban en pleno auge. De modo que estas dos tendencias son sin duda las influencias más fuertes de Sugimoto. Bajo la influencia del serialismo minimalista este artista ha construido cinco series fotográficas en dónde explora rigurosamente a sus sujetos.

 

Los temas que han  determinado las series fotográficas de Hiroshi Sugimoto son hasta ahora; Teatros (desde 1978),  Dioramas y Museos de cera (desde 1976), Paisajes marinos (Seascapes, desde 1980), Bahías( desde 1995), y Arquitectura (desde 1997).

Entre sus series más atractivas esta la de paisajes marinos, que en la pintura son de gran tradición pero en la fotografía rara vez habían sido el tema de una obra de arte, se hacía más bien en fotografía turística.

 

Lo fascinante de las fotografías que componen la serie, es que a pesar de ser blanco y negro y siempre hacia el horizonte, ninguna es igual a la otra, existe una verdadera búsqueda en la luz, el tiempo y el movimiento. Cada fotografía de la serie ha sido tomada dejando el lente de la cámara abierto durante algunas horas,  para que el movimiento de las olas y las nubes se mezclen y den a la fotografía un aspecto mucho más complejo que el de una toma normal. Al espectador le queda una sensación de tiempo extrañamente primigenio.

 

 

Del primer portafolio de paisajes marinos que Sugimoto publicó, Time exposed, explica que para él, el tiempo es revelado en el océano porque es el paisaje terrestre que menos cambia a través del tiempo y de la geografía “el océano debe ser la visión más antigua que podemos compartir con la gente vieja.”[1]

 

 

 De esa primera serie de paisajes marinos se desprende la fotografía Ionian Sea, Santa Cesárea, 1990. En ella observamos la superficie brillante del océano y la distinta gradación de la luz, pero más que eso, la imagen nos arrastra hacia adentro, podemos verla por mucho tiempo igual que cuando en la playa nos

 

 

 

 

 

 

quedamos viendo el mar. Tiene la cualidad de remitirnos a lo real, en dónde se suspende el tiempo.


[1] Herbert, Martin, The Sleepless Photographer, eyestorm: talk and read, 2003

2003

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