Ernesto Neto

Ernesto Neto

1964, Río de Janeiro, Brasil

 Ernesto Neto es uno de los artistas latinoamericanos que en los 90,  llevó su obra a la escena internacional, llamando la atención de críticos coleccionistas y galerías que pronto voltearon a ver el trabajo de los artistas de América latina como una propuesta refrescante en el arte contemporáneo.

 El trabajo de Neto es heredero de la tradición “neo-concreta” de Brasil de los 60; de Lygia Clark, Hélio Oticica y Waltercio Caldas. Pero también del pos-minimalismo americano y del arte povera italiano. Las afinidades de Neto con el trabajo de Brancusi y de artistas modernos y contemporáneos han hecho de su obra, un producto de exploración espacial, sensorial y vivencial,  rico y estimulante.

 “Mi trabajo habla de lo infinito y lo finito, de lo macroscópico y lo microscópico, de lo interno y lo externo, así como de los poderes femeninos y masculinos, de la sexualidad, que es como una serpiente que se desliza a través de cualquier cosa.”

 Las instalaciones y esculturas de Ernesto Neto, exploran los espacios arquitectónicos, llevando al espectador a una vivencia sensorial distinta, estimulando los sentidos y al mismo tiempo la exploración en compañía de los otros. Sus instalaciones forman mundos aparte, que nos hacen interactuar con los que tenemos cerca, porque aíslan al espectador del espacio público y de la manera como estamos acostumbrados a vivirlo.

 La obra de Neto forma  un conjunto de organismos vivientes, que se apropian del espacio, con una textura diferente, acolchada, que recibe. Con olores que llenan la atmósfera; canela, clavo, pimienta, lavanda, chocolate. Colores que nos apartan de los acostumbrados vibrantes, que nos exaltan, a los tonos claros que nos tranquilizan.  De los acostumbrados lugares conocidos, a laberintos en los que interactuamos con la pieza, una obra lúdica.

 La obra de Neto le quita el privilegio al sentido de la vista. Sus esculturas táctiles y olfativas provocan sensaciones. Es un lugar para tomar un receso de lo cotidiano, un resguardo, que nos permite explorar la sensualidad.

Cosmovos, 2001. Nos permite vivir  todas las características del trabajo de Neto.

Una suave textura, una reflexión a cerca del espacio, otra forma de hacer escultura que se relaciona de manera más sensual con el espectador. Un universo en el que todo se incluye, nada queda excluido.

2002

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